Nuestro propósito es simple de decir y complejo de ejecutar: que la gestión de reclamaciones deje de ser un apagafuegos y pase a ser un proceso estable. Para ello revisamos procedimientos, herramientas, roles y métricas, cuestionando cada paso que añade espera o confusión al cliente interno o externo.
Sobre Eoskyamoupraewoa
Antes las quejas se aparcaban en carpetas físicas, ahora se pierden en bandejas de entrada digitales. Nuestro equipo se sitúa en medio de esos dos extremos para rediseñar, con datos y criterio, cómo se gestionan y resuelven las reclamaciones.
Nuestra misión y punto de partida
Antes las reclamaciones se veían como ruido de fondo, ahora son una fuente clara de información operativa. Nuestro equipo nació precisamente de esa tensión entre molestia y oportunidad, y se centra en transformar quejas dispersas en decisiones concretas. Analizamos procesos, datos y emociones del cliente con una mirada escéptica, buscando siempre la causa raíz.
Comparamos cómo se gestionan hoy las incidencias con cómo podrían gestionarse con menos fricción y más trazabilidad. No vendemos promesas vagas, sino cambios visibles en el flujo de trabajo, en la coordinación entre áreas y en la calidad de la respuesta que recibe la persona reclamante. Nuestro objetivo es que cada reclamación siga un recorrido claro, medible y controlable.
Qué hacemos
-
Mapeo detallado del viaje de la reclamación, desde el primer contacto hasta el cierre documentado y comunicado al cliente afectado.
-
Diseño y revisión de flujos de trabajo entre atención al cliente, operaciones, calidad, legal y otras áreas implicadas en la resolución.
-
Definición de tipologías de quejas, causas raíz probables y reglas claras para la asignación y escalado entre equipos responsables.
-
Revisión de tiempos de respuesta, plazos máximos por tipo de incidencia y puntos de control para evitar bloqueos silenciosos.
-
Análisis de herramientas actuales, canales de entrada y sistemas de registro utilizados para capturar y seguir cada reclamación.
-
Diseño de cuadros de mando comparativos con indicadores clave de volumen, severidad, reincidencia y coste operativo estimado.
-
Revisión de mensajes tipo, plantillas de respuesta y tono comunicativo utilizado durante el proceso con la persona reclamante.
-
Definición de roles y responsabilidades, incluyendo quién decide, quién ejecuta, quién informa y quién supervisa la calidad final.
-
Identificación de cuellos de botella recurrentes, pasos redundantes y autorizaciones que añaden tiempo sin aportar control real.
-
Comparación entre políticas internas, compromisos de servicio publicados y práctica real observada en casos recientes representativos.
-
Diseño de circuitos específicos para reclamaciones sensibles, como posibles fraudes, daños relevantes o impactos reputacionales.
-
Propuesta de criterios para priorizar incidencias según riesgo, impacto económico, impacto en cliente y exposición regulatoria.
-
Definición de mecanismos de retroalimentación para que las quejas alimenten mejoras de producto, procesos y comunicación.
-
Revisión de la documentación de soporte, evidencias requeridas y trazabilidad necesaria para auditorías internas o externas.
-
Comparación estructurada entre el proceso objetivo y el proceso real, identificando brechas, excepciones y desvíos tolerados.
-
Diseño de un plan de implantación gradual con hitos, responsables y métricas de seguimiento para cada cambio acordado.
Cómo comparamos alternativas
Antes de rediseñar nada, invitamos a los equipos a hacerse algunas preguntas incómodas sobre su proceso de reclamaciones actual.
Estas cuestiones sirven como lista de comprobación inicial y ayudan a priorizar qué partes del flujo requieren un análisis más profundo.
-
Qué pasos sigue hoy una reclamación desde que entra hasta que se cierra, y cuántas manos la tocan durante ese recorrido.
-
Cuáles son los tiempos reales de respuesta por tipo de incidencia y cómo se comparan con los compromisos comunicados externamente.
-
Qué criterios se usan para priorizar unas reclamaciones frente a otras cuando la capacidad del equipo es limitada o variable.
-
Cómo se registran las causas raíz y si esa información se utiliza después para ajustar productos, procesos o mensajes comerciales.
-
Qué papel juega cada área implicada en la resolución y dónde suelen aparecer retrasos, reprocesos o decisiones contradictorias.
-
Qué herramientas diferentes intervienen en el seguimiento de casos y si existe una visión única del estado de cada reclamación.
-
Cómo se comunica con la persona reclamante durante el proceso y si recibe información clara sobre plazos, pasos y responsables.
-
Qué indicadores se revisan periódicamente sobre reclamaciones y si se comparan con objetivos operativos y de experiencia de cliente.
-
Cómo se gestionan las incidencias sensibles que pueden derivar en sanciones, litigios o impactos relevantes de reputación pública.
-
Qué excepciones al proceso estándar se toleran hoy y qué riesgos operativos o de cumplimiento se asocian a esas excepciones.
-
Cómo se decide qué mejoras implantar primero y si existe un criterio explícito que combine impacto, esfuerzo y urgencia relativa.
Nuestra forma de trabajar
Creemos que la gestión de reclamaciones es un espejo del resto de procesos. Por eso trabajamos codo a codo con operaciones, calidad, legal y atención al cliente, buscando un equilibrio práctico entre eficiencia, cumplimiento y respeto a quien reclama.
Nuestro compromiso es sencillo: hacer que cada reclamación cuente dos veces, una para resolver el caso concreto y otra para mejorar el proceso que lo hizo posible, siempre con transparencia sobre lo que puede cambiarse y lo que no.
Cómo evaluamos la fiabilidad
La información sobre gestión de reclamaciones abunda, pero no toda es igual de fiable ni aplicable a la realidad de cada organización. Para separar señal de ruido, contrastamos recomendaciones con marcos normativos, prácticas de sectores afines y datos concretos de su propia operación, evitando extrapolaciones simplistas o modas pasajeras.
Grandes empresas
Medianas
Conviven con reclamaciones crecientes y recursos ajustados. Les acompañamos a definir un flujo claro, asignar roles sin solapamientos y priorizar cambios asumibles, para que la gestión de quejas no dependa solo de personas concretas sino de un proceso estable.